Como siempre, a las grandes citas llego sin dormir. La hiperactividad mental que no me da descanso. En esta ocasión he aprovechado para reflexionar, actualizar este blog y para leer -buena parte de- todos los periódicos nacionales actualizados en la web.
No he podido evitar acordarme de las palabras de Víctor Hugo al decir que algún día “los Estado Unidos de America y los Estados Unidos de Europa, se darán la mano” al leer los sucesos de Perú. El nepotismo del presidente Alan García al decir que “400 indios (nótense los tintes racistas y despectivos del termino) no pueden oponerse al progreso de una nación” me recordó que latinoamérica es fiel heredera de lo “mejorcito” de la historia política patria: Corrupción, caciquismo o golpismo son solo algunos de los tics heredados por los popes de las democracias bananeras sudamericanas.
Y es que los lideres sudamericanos, tan generosos en retórica barata y principios de cartón piedra y tan colmados de titulaciones compradas en universidades Norteamericanas, quizá debieran recordar de cuando en cuando alguna de sus soflamas mitineras que hacen -mínimamente habitable- el estado de derecho, como aquella que reza que “la democracia no es la imposición de un bloque mayoritario frente a otro, sino el respeto escrupuloso de los respetos de las minorias“. Se que habitualmente soy de sal fina, pero hay cosas que me enervan.
De entrada -y volviendo a Víctor Hugo- se de unos, que mientra no cambie el percal de sus lideres, no llegan. Pero… ¿Y Europa?. Inevitablemente se me vienen a la cabeza las palabras de Leire Pajin respecto a lo histórico de la Presidencia Europea de ZP, y las doy por buenas, aun quedando mucho por construir.
Ya superada la jornada de reflexión y sin necesidad de pedir el voto -pues todos y todas saben cual promulgo activamente- creo que puedo hacer el primer análisis electoral.
En estas elecciones -comparativa comunitaria- hemos dejado de construir Europa. Los discursos políticos se han alejado de las claves de construcción, para centrarse en “pataletas” domesticas o en pronunciamientos sobre la necesidad de la gran alianza europea (euroescépticos vs. euroconvencidos).
Y es que como tónica general -salvando la vida sentimental de los candidatos catalanes- hemos dejado de hablar de la necesidad de construir una gran Unión. De lo superfluo de un instrumento normativo refrendado por todos (llámese tratado o constitución). Los buenos trapecistas saltan sin red. Y es que es el momento de las instituciones. Es el momento de dar un paso al frente y ceder de forma real soberanía al parlamento europeo y de hacer desaparecer la Comisión. Llego la traumática hora crear una Presidencia permanente para toda la unión que responda a la libre competencia electoral y a la necesaria contraposición de bloques ideológicos.
Necesitábamos más que nunca hablar de un Ejercito comunitario y de una política de defensa común que extienda nuestros valores antimilitaristas en el orden internacional (“Si vis pacen, para bellum”, Si quieres la paz, prepara la guerra) o de una política energética y de infraestructuras común que vertebre los territorios, y satisfaga las necesidades de empresas y ciudadanos
Y sobre todo,necesitamos unas instituciones que apuesten de forma decidida por lo que es la autentica clave de la construcción de una gran Unión: homogeneizar la Eurocultura. Debemos dejar atrás estigmas impuestos por la derecha como el “pedigüeñismo” o la lectura en clave nacional. La alianza no se puede medir en clave de réditos nacionales derivados de cada negociación, mal que les pese a algunos. Debemos poner en solfa, dentro de la diversidad, los valores de la cultura Europea. Es más lo que compartimos, que lo que nos separa. Y es que el respeto a los demás, el entendimiento entre diferentes, la primacía de la política social o medioambiental y el humanismo -de la raíz que quieran- son lo que nos diferencia del resto del planeta.
Y es que sobre todo hemos dejado de construir Europa, porque más allá de que se hayan apropiado de ella los que la ven como más o menos fondos para mi territorio, más o menos mercado o más o menos líneas en un texto para todos… ha dejado de importarnos a los ciudadanos -auténticos constructores de esta utopía-. Y en este contexto de absentismo electoral, solo ganan los alicortos egocéntricos antes citados o los extremos, los de la raza pura, el RH y el encefalograma plano, o los de suprimir el registro de la propiedad para crear un registro de “cositas”.
Hagámonos todos hoy un favor, y sino vamos a construir más Europa, vayamos a votar para que no destruyan y no nos quiten el Sueño que tuvimos. Si de Gasperi levantara la cabeza… seguiría pensando que Víctor Hugo tenía razón. Todavía podemos. El poder de un voto.



Junio 7, 2009 a las 2:57 pm |
Bien en todo el concepto y no le faltan sus importantes citas muy celebres para la ocasion y mi pregunta ¿algun dia nos daremos la mano con los americanos?.Mas que nada por su gran concepto de la democracia que es de admirar frente al pobre concepto nuestro que solamente se agudiza en las ocasiones que lo que se juega es muy cercano y nos pudiese hacer daño o cambiarnos nuestro rumbo por que como dijo Cristobal colom en su ultimo viaje, “Viajar es pararse al borde de un mundo y ahí ver más al siguiente.”