Se lo he contado más veces..pero como diría Woody Allen en “Todo lo demás”: “Esfuerzate por ser original, pero si has de copiar, copia del mejor”. Yo que siempre fui buenisimo (el mejor, -me van a permitir la modestia-) en esto de plagiar, les dejo con lo que pienso: J.J.Millas. (podria decir mucho, pero con todo lo que tengo que estudiar, mejor que otro lo diga por mi).
| Las cartas boca arriba. | |
| Podemos continuar engañándonos eternamente respecto a lo que somos cada uno. La convivencia exige estos pequeños sacrificios. Durante mis años de estudiante compartí apartamento con un compañero que estudiaba Derecho y que medía 1,55. Él aseguraba que medía 1,70 y yo no le decía ni que sí ni que no. Comprendí que ésa era la cuota de engaño que tenía que pagar para que la convivencia fuera posible. Y la pagaba con gusto. ¿Qué más me daba a mí lo que midiera o dejara de medir? El engaño recíproco es saludable, en fin, hasta un punto, pasado el cual conviene colocar las cartas boca arriba para que cada uno reconozca quién es y cuánto mide.
Pongamos las cartas boca arriba: cuando el golpe de Estado del 23-F, un suceso que hablando en términos históricos sucedió ayer por la tarde, la Conferencia Episcopal no se pronunció hasta que quedó claro quién había ganado. Durante las horas en las que Tejero y su banda armada permanecieron en el Congreso, violando a la joven democracia española, se escondieron en sus sacristías y rezaron para que los insurrectos se hicieran con el poder y devolvieran a la Iglesia los privilegios que habían tenido durante la dictadura de Franco, entre ellos, el de obligar a todo el mundo a casarse de acuerdo con sus normas y descasarse, si llegaba el momento, por el Tribunal Eclesiástico de la Rota. Estaban en contra del divorcio, a menos que lo administraran ellos, previo pago de un impuesto revolucionario.
Podemos continuar engañándonos porque es bueno para la convivencia, pero quizá haya llegado el momento de decir que la Iglesia no es demócrata. No lo es internamente (allá ella) y convive con las democracias civiles, porque a la fuerza ahorcan. La Iglesia se mueve como pez en el agua en las dictaduras fascistas. ¿Y qué hacen las dictaduras fascistas? No hay que irse muy lejos históricamente hablando. Franco y sus secuaces asesinaron, robaron, violaron y se dieron golpes en el pecho con la complicidad directa de la Conferencia Episcopal. Pero si no les gusta recordar el caso de España, viajen al Chile de Pinochet. ¿Qué hizo la Iglesia? Exculpar a los torturadores y beneficiarse de la situación. Podemos mentir, engañarnos, mirar hacia otro lado, pero la realidad es muy tozuda y acaba asomando por una esquina u otra del tapiz.
Aquí, con la ley del punto final implícita que supuso la transición, habíamos decidido mirar hacia otro lado. Los jerarcas eclesiásticos eran los descendientes de aquellos que, con excepciones, habían formado parte de la banda armada del Caudillo, pero se habían apuntado a la democracia y habíamos dicho que bueno, que para qué remover las cosas si les hacía ilusión y no molestaban demasiado. Financiábamos a la Conferencia Episcopal (eterna adolescente incapaz de ganarse la vida por sí misma) con nuestros impuestos y hasta pagábamos a los profesores de la asignatura de Religión, aunque no estuvieran sujetos, como el resto de los contribuyentes, al Estatuto de los Trabajadores.
Es cierto que en un momento decisivo como el del golpe de Estado no dijeron esta boca es mía porque salivaban de gusto ante la idea de llevar a Tejero bajo palio como antes habían llevado a Franco. Pero se lo perdonamos también, todo fuera por la transición, por la convivencia, por la democracia permanentemente amenazada.Pero quizá ha llegado el momento de colocar las cartas boca arriba y decir lo que mide cada uno. La Iglesia, en términos morales, no le llega a los tobillos a la mayoría de la sociedad española. Tenemos una Iglesia antidemocrática y profundamente inmoral. ¿Pero qué es eso, por favor, de que la familia está amenazada? ¿Y por quién? Señores obispos, señores de los báculos, de las mitras, señores de las casacas rojas y la lencería fina, señores de los automóviles negros y de los palacios episcopales campanudos, queridos curas, si la familia ha sufrido alguna merma durante los últimos años, si se han tenido menos hijos, por ejemplo, ha sido a causa del capitalismo rampante. La mayor amenaza para la familia no proviene de donde ustedes dicen (¡qué obsesión con los genitales!), sino de las dificultades de ganarse la vida y sacar adelante a los hijos al mismo tiempo. ¿Pero se les ha ocurrido a ustedes manifestarse contra el neoliberalismo? ¿Han preguntado al ecónomo de Valladolid en qué consiste esa doctrina? ¿Han montado un cristo como el que le están montando al PSOE para sacar adelante el 0,7 por ciento? Desde luego que no, porque lo que les interesa a ustedes es otra cosa. Y ahora, si quieren, volvemos a engañarnos, pero quede constancia, siquiera por un día, de quiénes son ustedes y a qué juegan. |
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Escrito por antoniobezanilla
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